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Nos cuentan que La Mirada Digital inicia la andadura de un taller de literatura abierta a mentes incorformistas, soñadores impenitentes..y a todos aquellos que piensan que la literatura es un arma cargada de futuro.

OS ESPERAMOS en nuestro taller de lieratura que dirige PABLO LOPEZ MEDEL. EMPEZAMOS EL 4 MARZO.
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PAZ Y AMOR..
LA MIRADA DIGITAL

LA PARTE DEL MEDIO Katherine Greer

A la sección del relato que está entre el comienzo y el final unas veces se la llama el cuerpo, y otras, el medio; aunque en mi opinión ninguno de los dos términos es apropiado ni expresivo.

La palabra que nos avisa que hemos llegado al centro del relato es proporción. Me parece que el principal problema de un escritor que va del comienzo al final es: cuántos incidentes debo acumular uno tras otro para probar el asunto; cuánto decir sobre lo que uno sabe, qué sugerir y qué dejar fuera, qué escenas desarrollar y cómo.

El propósito del escritor, a medida que avanza de la página dos a la tres y las siguientes, es acercar al lector más y más hacia la conclusión, y, al mismo tiempo, contenerlo, mientras la historia avanza. Esto se logra haciendo que cada escena apunte hacia el final y eliminado lo irrelevante. El lector descubrirá un poquito sobre el tema o el personaje principal pero nunca lo suficiente como para perder el interés antes de que haya concluido el relato.

A fin de cuadrar la parte central del relato el escritor necesita un par de finas tijeras para recortar sus escenas. Debe preguntarse antes de escribir cada escena: "¿Para qué me sirve?", y cuando la haya terminado preguntarse "¿Lo he logrado?".

El autor debe tener el mismo ojo clínico con las proporciones que con el tempo a medida que lleva a su personaje a través del cuerpo de la historia. Si introduce un nuevo personaje -y a veces necesitará hacerlo- el motivo debe estar claro no solamente para él sino también para el lector. Por ejemplo, a menos que un cartero sea importante para el resto del relato, no lo haga entregar la correspondencia; deje que la saquen de la casilla después que él haya pasado. Por el contrario, si siente usted que es necesario un nuevo personaje para inyectarle un poco de humor a un centro un poco duro, imagine un personaje que haga avanzar la intriga y a la vez sea divertido.

Un escritor también debe trabajar con el diálogo mientras atraviesa por el cuerpo del relato: conversaciones ligeras que llevan al lector hacia delante pero todavía lo mantienen en suspenso; conversaciones no sólo para pasar el tiempo, como las que tenemos en la vida real, sino que parezcan la vida real.

Con todo esto en mente el escritor seleccionará sus ingredientes, por ejemplo, como yo seleccione los míos en un cuento llamado Ten cuidado de parar.

Empecé con Susan, la esposa joven de Bill Parker, un hombre excesivamente amiguero. Susan lanza juramentos y medita sobre una pila de platos sucios que debiera dejarle a su pareja, y sobre no tener un invitado más mientras viva.

Antes de escribir una letra, yo sabía que Susan iba a ganar de palabra; y también sabía que hubiera sido una victoria real de no amar tanto a Bill como para ceder. Pero no sabía exactamente cómo iba a manejar todo. Sabía que la suegra de Susan tenía mucho que ver en el asunto, pues era el personaje de la vida real que me había inspirado el relato. Y sabía además que la suegra sería la sorpresa que tenía que esconderle al lector mientras fuera posible (Ésta, dicho sea de paso, fue una de las razones por las que escogí a Susan en vez de Bill para focalizador de la historia).

Decidí también que esa parte de la historia sería la más fácil de leer, pues le daría menos tiempo que a la conversación de los invitados, si bien debía poner un poco de ésta, porque después de todo ellos fueron los que causaron el problema. De modo que a ellos les di dos escenas; y en una de ellas maté dos pájaros de un tiro haciendo que la conversación trate casi toda sobre aquel personaje tan importante para la intriga: la suegra de Susan.

En la segunda escena, en el living, Elva (una antigua vecina del barrio) lleva a Susan hacia el grupo:

-Le estaba diciendo a Bill qué parecido a su padre se está volviendo, de tal palo tal astilla... No conociste al viejo juez, ¿no?
-No -dijo Susan.
-Susan no conoce tampoco a mi madre -señaló Bill-. Mamá no tuvo ganas de viajar desde California para nuestra boda.
-Pero ella va a venir pronto -dijo Susan-, la semana próxima-. Y pensó "Cielos, me va faltar tiempo para descansar, y debo descansar bien si quiero tener el mejor aspecto para cuando mi suegra llegue."
-¡Oh, te va a encantar Betty! -dijo Elva.
Carl añadió:
-La manera como cocina los cangrejos y convierte una langosta de Newburg en una delicia, es cosa del cielo ¡Y siempre se ve como una duquesa con delantal de cocina!
Susan pensó "¡Esperen a que pase por el shock de ver a su nuera en delantal de cocina!". Y comentó respetuosamente:
-Debe ser maravillosa.
-Lo es -dijo Elva-. Ella y Joe fueron siempre la pareja más popular de la ciudad. Y la más hospitalaria. Desde que llegaron a este lugar hasta que se fueron al oeste esta granja fue un lugar siempre abierto. Nunca he visto nada parecido.
"Bueno, hermana, yo sí" pensó Susan. Dijo:
-¡Puedes estar segura que Bill es astilla del mismo palo!

Los invitados se van poco después: una o dos oraciones los ponen en camino. Otro trozo de conversación y los alojados de fin de semana están en su dormitorio, Bill y Susan en el suyo, y yo he logrado introducir a la suegra como parte integral de la historia. Apenas queda a solas Susan se dispone a plantearle su ultimátum a Bill, pero éste se ha dormido; el único sonido, fuera de la respiración regular de Bill, viene de la habitación contigua. Los invitados, los Trent, están discutiendo, piensa Susan.

Se dice a sí misma en voz baja:
-¡Ella sí que sabe cómo ponerlo en su sitio! ¡Debo parecer una medusa blandengue!

En esta escena pensé en la proporción. Podría, por ejemplo, haberme extendido sobre lo que Susan escucha de la discusión de sus invitados a través de la pared del dormitorio, o podría haber quitado todo. La razón que tuve fue un indicio sobre un rasgo de personalidad que yo necesitaba para el final. Fue una de las cosas que convencieron a Susan de que no quería una victoria total -un dominio- sobre Bill. De modo que en realidad no importaba a propósito de qué Lucinda Trent estaba poniendo en su sitio a su esposo. Lo importante era que lo estaba haciendo; y mientras más rápido saque sus conclusiones el lector, mejor. Indicios, suspenso y rapidez; las explicaciones largas bajan la historia.

La siguiente escena, la final, se produce al otro día en la tarde, domingo. En cuanto al tiempo, este cuento sólo tiene dos escenas, la noche del sábado y la tarde del domingo. No es exactamente la vieja idea griega de unidad, pero se le acerca. Creo que los griegos verdaderamente habían dado con algo. Según mi experiencia cuando un cuento sucede en un corto tiempo es mucho más fácil escribir y más exitoso que uno que toma meses o años. Por supuesto, con la novela es diferente. En ese sentido un cuento se parece más a una pieza de teatro. El lector debe atravesar a lo largo de toda la acción del cuento, o el drama.

En cuanto al espacio, también practiqué la economía. En cine o televisión o teatro la historia necesita sólo de tres escenarios: la sala, la cocina y el dormitorio.

Al comienzo de mi escena el lector sabe que nada se ha arreglado para Susan, que esta tarde de domingo en la granja de los Parker será más de lo mismo. La obligatoria hospitalidad, con comida y bebida incluidas; y más tarde, el lavadero repleto de platos y vasos sucios. Yo sabía como escritor que más de lo mismo sería aburrido. De modo que planeé la escena cuidadosamente.

Una vez más, pensé en la proporción; y junto con ella, en el tempo. En esta ocasión no necesitaba que los invitados hablaran mucho; simplemente necesitaba que estuvieran ahí. Breves frases, como agradecimientos, "Estuvo maravilloso, Hank"" y "Gracias por encargarte del asunto, prima Flora" y "Mientras nos bañábamos, ustedes, amigos...", serán suficientes para convencer al lector que los Parker estaban metidos en una tarde concurrida.

Utilicé otro método para evitar que el medio fuera flojo. Introduje un nuevo personaje en una escena un poco cómica (¡Eso espero!); pero no sólo con el propósito de tener algo nuevo y divertido. Mi nuevo personaje era lógico y útil. Era lógico porque se trata del antiguo trabajador de la granja, por lo tanto no tenía que aparecer de repente porque era necesario. Escribí:

Bill fue al establo y trajo consigo a Herman, el tipo de todos los servicios, para limpiar la mesa y lavar los platos.
-Él lo hará todo, cariñó -le murmuró a Susan cuando se reunió con el grupo en la sala-, debe haber lavado un plato alguna vez en su vida.
Podría ser. Susan trató de mantener una actitud abierta. Menos mal, estaba agradecida que estuvieran de acuerdo.
Una hora más tarde y media docena de invitados menos, ella entró en la cocina con una bandeja llena de vasos vacíos.
Herman estaba metido hasta el cuello en un líquido grasoso, plomizo, con tres de sus copas regalo de boda más queridas flotando allí como botes torpemente manejados, para no hablar de otros más que estarían hundidos.
-Gracias Herman, yo terminaré -Susan esperaba que su voz sonara tranquila y correcta-, yo sé que tiene un montón que hacer con los animales.
-Bueno, creo que sí -se sacudió la espuma que tenía pegada en el jean-. Mejor se lo digo, señora Parker. Tuve un pequeño accidente con el cristal. Esos largos seguro eran malos.
-¿Ha roto una de las copas?
-Dos. Seguro se chocaron. Lo siento mucho.
-Oh, está bien -la voz de ella no sonó apenada; después de todo no habían contratado al hombre para manejar cristal ni loza china.
-De todos modos, seguro tiene usted un montón de esas -dijo Herman mientras salía.
"No voy a aguantar mucho de esto" pensó Susan, al tiempo que levantaba cuidadosamente una de las copas y luego otra, del agua grasienta. "No tengo nada...", estaba pensando en el agujero que dejó el cigarro de Lucinda Trent en el tapiz del sillón.
El hueco, las copas, todo su sistema nervioso... Sí, un momento después que todos se fueron cayó en una total depresión.
La puerta de la cocina se abrió lentamente. Ella pensó que era Herman que volvía [por esto es útil Herman, y lógico a la vez] para seguir disculpándose. Estaba concentrada en las copas y no se volvió hasta que...
-Tú debes ser Susan -dijo una voz gratamente modulada y cultivada, que no era la voz de Herman-. Eso me imagino.
-Por qué... quién es... usted... usted debe ser la mamá de Bill- gimió Susan.

De esta manera llegamos repentina y suavemente, eso espero, a la gran escena del cuento, al clímax, el punto de quiebre o como lo llame usted. He sorprendido al lector (lo mismo que a Susan) con la llegada de la suegra, pero no demasiado, pues ya dejé pistas acerca de ella. Los esposos sabían que llegaría pronto aunque no sabían la fecha exacta. Hice que su llegada se adelantase de un modo natural y lógico dejando caer algo sobre una "cancelación del primer vuelo." Y no le dije al lector más que lo que sabía cualquiera de los personajes.

Tampoco había defraudado deliberadamente a mis lectores respecto a la personalidad de Betty Parker. Si revisan lo anterior se darán cuenta la he descrito únicamente a través de los ojos de sus amigos y de su hijo, y por la conclusión que Susan, quien nunca la ha visto, ha sacado de ella. También he hecho uso indirecto de la idea generalmente aceptada de que suegras y nueras raramente se llevan bien.

Esta es la escena que, de diversas formas, estuvo en mi mente desde que concebí la historia. Me parece que es muy importante que un escritor tenga una imagen de su escena cumbre en la mente. Es la única manera en que puede sostener la línea del relato sin perderse ni añadir escenas inútiles. En esta escena final tenía puestas mis esperanzas de hacer de Ten cuidado de parar una historia de revista literaria más que una simple historia de problemas caseros. Es la escena que no se puede dejar afuera o resumir. Todo relato tiene una. He notado que el escritor principiante, que puede haber leído mucho sobre la economía de las palabras en el cuento, es capaz de dejar su gran escena en puro esqueleto, e incluso de omitirla, contándola más tarde como un rumor, o es capaz de tratarla como a una escena menor.

Ahora viene a nuestro rescate el sexto sentido del narrador -la intuición, la suspicacia, o como quieran llamarlo. Tenemos la sensación de una gran escena en el mismo instante en que sentimos la necesidad de escribirla.

No tengo idea de cuántas veces rehice esta escena en mi cuento, pero he aquí como quedó:

Después que Susan y Betty intercambiaron cumplidos y explicaciones Susan dijo que iría a llamar a Bill, pero la madre de éste dijo:
-He esperado por este momento tanto. Déjame mirarte bien, querida mía.
-Oh, me veo terrible -se disculpó Susan-, he estado todo el día haciendo.
-Debes habes estado... en el atolladero del tránsito-. La señora Parker señaló con la cabeza hacia la calzada- Parecen los viejos tiempos.
-Sus amigos son muy simpáticos con nosotros -dijo Susan cautelosamente-. Todos quedaron en llamar, y están llamando; y tenemos alojados...
-Sí, lo sé-. La señora Parker se estaba quitando el saco de su traje negro cuidadosamente bien cortado- Y hay otro carro entrando en el estacionamiento justo en este momento... Bill estará buscándote para que estés con él en la puerta y decirles lo sorprendidos que están. Corre, yo iré y le daré una sorpresa a Bill apenas acabe de lavar esto. Solo me tomará un segundo.
-Oh, no...- Susan estaba a punto de protestar, cuando de pronto vio todo por dentro....
Se dio vuelta y cruzó la puerta de vaivén que daba al comedor, justo a tiempo de oír un "Mi esposa está por aquí."
Había una nota de firmeza en su voz cada que él decía "mi esposa" -¿o era su imaginación? Y ¿cómo se puede amar a un hombre y odiarlo al mismo tiempo? ¿Cómo puede él estar tan odiosamente seguro de sí mismo y de ella? Ahora, Susan lo suponía, ¡todavía más seguro, con su madre que lo apoyaría! En serio. ¡Dos contra uno!
Bill dijo:
-Siéntanse como en su casa, mientras busco un poco de refresco...
-Yo lo conseguiré -dijo Susan-, tú quédate-.
La señora Parker estaba tratando de despegar una cubeta de hielo del congelador.
Los cubitos de hielo se acabaron- dijo- Siempre hacen eso. Nunca pude hacer comprender a Joe que no puede estar pidiendo y pidiendo hielo indefinidamente, que tiene que esperar a que congele. Igual que tú con Bill...
Susan miró fijamente a su suegra, mientras ella dejaba escapar un gran suspiro y volvía a sus intentos. Y de pronto, en un pequeño instante todo la justa indignación de Susan, su autocompación, su rebelión parecieron explotar y extinguirse en la nada, como se oculta la última nibe de la tormenta ante la presencia de un glorioso plenilunio.
Susan gimió:
-¿Por qué no está de parte de Bill? ¡Es usted su madre, pero está de mi lado! Dijeron que era usted como ellos, que adoraba tener este lugar atestado. ¡No es así!
-¡Por supuesto que no!!
-¡Es usted parecida a mí!

Y llega el final. Todo lo que me hizo falta -incluido el tiempo para la doble sorpresa- es media docena de frases.

Hay otros elementos que impedirán que la parte central de su relato sea floja.

Su problema puede ser la caracterización. Si los personajes son de los que no le importan mucho a usted ni a los lectores desde el comienzo, naturalmente se irán cayendo mientras más los observa. He oído decir que hay un criterio importante: algunos editores no publican un relato a menos que les guste por lo menos uno de los personajes principales, y mejor si son dos.

Su problema puede ser algo más básico: la idea. Reexamínela, si ha decidido usted probar algo, cualquier cosa que sea. Si no le parecen buenas sus generalizaciones, quizá es eso lo que falla. Examine el comienzo y el final y todo lo que haya escrito. Y entonces, si cree que todo lo demás está bien, siga revisando.

De todos modos, póngale a la cintura de su historia una buena correa; y con esto me refiero a las palabras y oraciones concretas, y a los párrafos que emplee para encausarla. El estilo es algo en lo que se necesita pensar en cada trozo de cada relato.

Una idea original, personajes interesantes, una serie de acontecimientos interconectados, narrados con sentido de las proporciones y de la oportunidad para crear suspenso y mantener interesado al lector hasta el final, son algunas de cosas que hay que cuidar en el llamado cuerpo del relato. Escribir es como manejar un carro, el único momento en que puede distraerse es cuando ha llegado al final; e incluso en ese momento su mente puede seguir adelante, con lo que hubiera podido hacer, o lo que la suerte le podría haber traído en la siguiente esquina.

tomado de la revista Aberrante